Las investigaciones llevadas a cabo desde marzo en los países del consorcio (España, Polonia, Rumanía y Países Bajos) constatan que las organizaciones reconocen la importancia del bienestar y la resiliencia profesional, pero todavía necesitan convertir ese compromiso en sistemas estables de prevención, apoyo y participación.
El proyecto europeo POSITIVE – Wellbeing & Resilience in Youth Work for Social Change alcanza uno de los principales hitos de su primera etapa con la finalización de dos estudios transnacionales sobre bienestar, resiliencia y salud mental de profesionales, personal y voluntariado que trabajan con jóvenes.
Los resultados ofrecen una radiografía compartida de organizaciones de España, Polonia, Rumanía y Países Bajos y ponen sobre la mesa una cuestión fundamental para la calidad del trabajo juvenil: cuidar a quienes acompañan y apoyan a las personas jóvenes no puede depender únicamente de su capacidad individual para afrontar el estrés, la sobrecarga o las exigencias emocionales de su trabajo. El bienestar profesional debe formar parte también de la responsabilidad, la cultura y el funcionamiento cotidiano de las organizaciones.
Los dos informes constituyen los principales resultados hasta el momento del segundo paquete de trabajo del proyecto y responden a uno de los objetivos centrales con los que este nació: conocer cómo entienden las organizaciones el bienestar y la resiliencia de sus equipos y hasta qué punto están preparadas para convertirse en entornos positivos y de apoyo. El consorcio preveía precisamente que esta investigación sirviera como punto de partida para generar cambios organizativos y orientar los posteriores recursos y acciones formativas del proyecto.
Del reconocimiento a la acción: la principal conclusión del Estudio 1
El primero de los informes, “Attitudes & beliefs of organisations towards Well-being & Resilience of practitioners in Youth Work”, cuya elaboración transnacional ha sido liderada por nuestra organización, COCEMFE Sevilla, con el apoyo de ACE-ES Romania – Navodari Branch, analiza cómo las organizaciones entienden, valoran y asumen su responsabilidad respecto al bienestar de las personas que desarrollan el trabajo con jóvenes.
La investigación se desarrolló mediante una metodología mixta y reunió 194 respuestas a cuestionarios —102 de diversos profesionales y trabajadores de la juventud, y 92 de responsables y perfiles de dirección—, 13 entrevistas semiestructuradas y 4 grupos de discusión con 36 participantes de los cuatro países. Aclarar que, según los propios autores, este estudio es exploratorio y comparativo, y no una muestra estadísticamente representativa de todo el sector juvenil europeo.
Su conclusión central es especialmente significativa: las organizaciones participantes reconocen ampliamente que el bienestar de sus profesionales influye directamente en la calidad, continuidad y sostenibilidad del trabajo con jóvenes, pero ese reconocimiento todavía no se traduce de manera uniforme en procedimientos, estructuras o prácticas organizativas estables.
El estudio identifica así una brecha entre dicho reconocimiento del bienestar y su operacionalización en la práctica organizativa. Es decir, el bienestar se valora, pero no siempre se incorpora a la planificación y a la asignación de recursos; se acepta que existe una responsabilidad organizativa, aunque en la práctica sigue confiándose en ocasiones en la capacidad individual de las personas para afrontar las dificultades; y se reconoce la importancia del liderazgo, aunque quienes coordinan equipos pueden encontrarse sobrecargados, insuficientemente preparados o sin estructuras formales de apoyo suficientes para ejercer ese papel.
La investigación también destaca el papel de la seguridad psicológica. Poder expresar preocupaciones, estrés, dificultades emocionales o límites y solicitar apoyo sin temor al juicio constituye una condición esencial para hacer visibles las situaciones de sobrecarga y permitir que las organizaciones respondan ante ellas. Sin embargo, este tipo de apoyo continúa dependiendo en numerosas ocasiones de las relaciones personales, la confianza entre compañeros y compañeras o la sensibilidad de determinados responsables, en lugar de formar parte de mecanismos organizativos consolidados.
Otro elemento determinante es la capacidad de las organizaciones para convertir la escucha en cambios reales. Los equipos valoran la reflexión y el intercambio de experiencias, pero el estudio detecta que los mecanismos que permiten trasladar dicha información en una toma de decisiones para mejorar las condiciones de los trabajadores y o a la revisión de prácticas organizativas con el fin de instaurar cambios organizativos concretos siguen siendo desiguales.
Por último, el estudio apunta hacia una comprensión cada vez más sistémica del bienestar profesional, bienestar que no puede explicarse únicamente mediante las capacidades individuales de afrontamiento. Factores como la carga de trabajo, la estabilidad de la financiación, la dotación de personal, el liderazgo, la supervisión, la comunicación, la cultura de equipo y el reconocimiento profesional condicionan de manera significativa el bienestar de quienes trabajan con jóvenes. Sin embargo, esta perspectiva sistémica todavía no está plenamente consolidada y muchas organizaciones continúan necesitando herramientas, lenguajes compartidos y rutinas realistas que permitan trasladarla a la práctica.
En definitiva y como conclusión, podemos apuntar a que las organizaciones tienen muchos de los valores necesarios para iniciar el cambio de paradigma, pero necesitan reforzar previamente sus estructuras organizativas.
En cuanto al segundo estudio, “Ready for positive & supportive organizations for practitioners in Youth Work?”, desarrollado por ACE-ES Romania – Navodari Branch y SOWA, da un paso más y analiza hasta qué punto las organizaciones están realmente preparadas para ofrecer entornos laborales positivos y de apoyo.
En este caso, la investigación reúne 203 respuestas a cuestionarios —105 de profesionales y trabajadores de la juventud, y 98 de responsables y perfiles de dirección—, 12 entrevistas y 4 grupos de discusión. Las personas participantes evaluaron 17 capacidades organizativas agrupadas en cinco grandes dimensiones: liderazgo, supervisión y desarrollo profesional; cultura, inclusión y seguridad psicológica; bienestar, salud mental y prevención del burnout; comunicación, participación y apoyo interpersonal; y recursos, sistemas y capacidad de adaptación.
Los resultados vuelven a mostrar un patrón común en los cuatro países: todas las capacidades analizadas son consideradas más importantes de lo que actualmente están implementadas. Existe, por tanto, una clara distancia entre la importancia que las organizaciones atribuyen a estas capacidades y su nivel efectivo de desarrollo. Las organizaciones parecen reconocer qué requiere un entorno laboral positivo y de apoyo, pero todavía no han desarrollado de manera suficiente los sistemas necesarios para garantizarlo en la práctica.
La principal fortaleza compartida se encuentra en la cultura organizativa, la inclusión y la seguridad psicológica, donde se observa una percepción positiva de respeto y pertenencia. En cambio, el área que presenta mayores necesidades de desarrollo es precisamente la relacionada con el bienestar, la salud mental y la prevención del desgaste profesional, especialmente en cuestiones como la distribución equilibrada de las cargas de trabajo y el acceso a recursos de apoyo a la salud mental.
La investigación también detecta otros retos recurrentes: aumentar la participación real de profesionales y voluntarios en las decisiones que afectan a su trabajo, conseguir que la información y las propuestas recogidas dentro de los equipos se traduzcan en cambios visibles, y mejorar el reconocimiento de sus aportaciones.
Los resultados apuntan, por tanto, a organizaciones con una preparación elevada en valores y sensibilización y unas relaciones internas que constituyen una buena base, pero con una preparación estructural todavía desigual. Es por ello por lo que aspectos existentes dentro de los equipos de trabajo que son tan positivos y que actúan como importantes factores protectores, como son la solidaridad, la empatía y el apoyo entre compañeros y compañeras, no deberían tener que sustituir a sistemas organizativos estables de supervisión, prevención, participación y apoyo profesional.
Del diagnóstico a una herramienta práctica para las organizaciones
Uno de los resultados especialmente relevantes del segundo estudio es la incorporación de una herramienta de autoanálisis organizativo que permite trasladar las conclusiones de la investigación a la práctica.
Esta herramienta facilita que organizaciones que trabajan con jóvenes puedan analizar periódicamente su situación en las mismas cinco dimensiones estudiadas por POSITIVE, identificar fortalezas y áreas de mejora, y generar conversaciones internas sobre liderazgo, seguridad psicológica, salud mental, participación, recursos y sostenibilidad.
Está concebida como un instrumento de reflexión y aprendizaje organizativo que puede utilizarse, por ejemplo, en procesos de planificación estratégica, reuniones de equipo o revisiones periódicas. De esta forma, la investigación no se limita a describir una realidad, sino que ofrece una base para que cada entidad pueda preguntarse qué está haciendo bien, dónde existen mayores riesgos y qué cambios puede introducir para cuidar mejor a sus equipos.
Cuidar a quienes trabajan con jóvenes también es mejorar el trabajo con jóvenes
Los dos estudios convergen en una idea que marcará las siguientes etapas de POSITIVE: el bienestar profesional no debe considerarse un complemento ni limitarse al autocuidado individual, sino entenderse como una condición para desarrollar un trabajo juvenil sostenible, inclusivo y de calidad.
Entre las líneas de actuación que emergen de la investigación aparecen la necesidad de incorporar una perspectiva preventiva frente al síndrome del trabajador quemado, revisar las cargas de trabajo, establecer espacios de supervisión y práctica reflexiva, reforzar las capacidades de liderazgo, favorecer la participación en las decisiones, consolidar entornos psicológicamente seguros y transformar la retroalimentación de los equipos en mejoras organizativas concretas.
Los informes también advierten de que existen condicionantes estructurales —como la inestabilidad de la financiación, el trabajo por proyectos, la escasez de personal o la presión administrativa— que pueden limitar la capacidad de las entidades para mantener estas prácticas. Por ello, el reto no consiste únicamente en pedir a profesionales y organizaciones que sean “más resilientes”, sino en avanzar hacia sistemas que hagan sostenible el apoyo y reduzcan su dependencia de la buena voluntad individual.
Los resultados de ambos estudios servirán ahora como base para las siguientes fases de POSITIVE, que prevén el desarrollo de tarjetas digitales sobre los cuatro pilares de la resiliencia, un kit de recursos sobre inteligencia emocional y salud mental, un libro digital basado en experiencias reales ,y diferentes recursos y programas formativos para profesionales y organizaciones. De esta forma, POSITIVE avanzará desde el diagnóstico hacia la creación de soluciones prácticas construidas a partir de las necesidades identificadas durante la investigación.
Sobre POSITIVE
POSITIVE – Wellbeing & Resilience in Youth Work for Social Change es un proyecto Erasmus+ KA220-YOU que se desarrolla entre octubre de 2025 y septiembre de 2027. Está coordinado por SOWA (Polonia) y cuenta con la participación de ACE-ES Romania – Navodari Branch y Fundatia Zamolxes, de Rumanía; COCEMFE Sevilla, de España; y Stichting Network and Learning Opportunities, de Países Bajos.
Su objetivo es impulsar conocimientos y prácticas innovadoras relacionadas con la resiliencia, la salud mental y el bienestar de las personas que trabajan con jóvenes, especialmente en contextos de vulnerabilidad, entendiendo que cuidar a quienes desarrollan este trabajo es también una vía para mejorar la inclusión, la participación y la calidad de las intervenciones dirigidas a la juventud (Cocemfe Sevilla).
El proyecto está cofinanciado por la Unión Europea a través del programa Erasmus+.
Más información sobre POSITIVE: programas@cocemfesevilla.es



